João Canning Clode

Descubrimos la plastic crust, unas incrustaciones de plásticos en la zona intermareal o intertidal rocosa

João Canning Clode, investigador principal de ARDITI y coordinador de MARE-Madeira, explicó que PLASMAR tuvo sus inicios en Madeira hace cerca de tres años y, desde entonces, su equipo se ha centrado en las especies no autóctonas y la basura marina. Para este estudio, “hicimos una monitorización de las especies no autóctonas en la región de Madeira y elaboramos una nueva metodología para la monitorización de especies marinas de una forma rápida”, explicó. En una primera fase, “comparamos varios métodos, incluyendo métodos estándar como placas de PVC, y recogimos imágenes en vídeo y fotografías”, prosiguió explicando, para posteriormente “comparar los datos”. Otros estudios realizados han sido el de mesocosmos, para comparar la resistencia de especies no autóctonas ante una perturbación física y química; el análisis de las características del biofouling y la polución de metales pesados; o hasta qué punto las embarcaciones de recreo, sobre todo de centros de buceo, pueden o no contribuir a una proliferación de especies no autóctonas hacia los lugares donde realizan la actividad.

Asimismo, Clode relató que se hicieron una serie de acciones pioneras en Madeira e incluso a nivel mundial, como un primer estudio base de caracterización de la basura marina en toda la costa de esta isla: macro basura y micro basura, incluyendo microplásticos. “Y descubrimos la plastic crust, algo que tuvo repercusión mediática a nivel mundial, unas incrustaciones de plásticos en la zona intermareal o intertidal, en una zona rocosa”, explicó. Estas pequeñas incrustaciones de plástico “creemos que resultan del embate de pequeñas bocanadas de basura por la acción mecánica de las olas, que forman esta capa de plástico sobre las rocas”, añadió el investigador. Un hecho que según Clode “aunque se dio en Madeira de forma pionera, ya se ha dado en otras zonas del planeta”, concluyó.

João Canning Clode, investigador principal de ARDITI y coordinador de MARE-Madeira, explicó que PLASMAR tuvo sus inicios en Madeira hace cerca de tres años y, desde entonces, su equipo se ha centrado en las especies no autóctonas y la basura marina. Para este estudio, “hicimos una monitorización de las especies no autóctonas en la región de Madeira y elaboramos una nueva metodología para la monitorización de especies marinas de una forma rápida”, explicó. En una primera fase, “comparamos varios métodos, incluyendo métodos estándar como placas de PVC, y recogimos imágenes en vídeo y fotografías”, prosiguió explicando, para posteriormente “comparar los datos”. Otros estudios realizados han sido el de mesocosmos, para comparar la resistencia de especies no autóctonas ante una perturbación física y química; el análisis de las características del biofouling y la polución de metales pesados; o hasta qué punto las embarcaciones de recreo, sobre todo de centros de buceo, pueden o no contribuir a una proliferación de especies no autóctonas hacia los lugares donde realizan la actividad.

Asimismo, Clode relató que se hicieron una serie de acciones pioneras en Madeira e incluso a nivel mundial, como un primer estudio base de caracterización de la basura marina en toda la costa de esta isla: macro basura y micro basura, incluyendo microplásticos. “Y descubrimos la plastic crust, algo que tuvo repercusión mediática a nivel mundial, unas incrustaciones de plásticos en la zona intermareal o intertidal, en una zona rocosa”, explicó. Estas pequeñas incrustaciones de plástico “creemos que resultan del embate de pequeñas bocanadas de basura por la acción mecánica de las olas, que forman esta capa de plástico sobre las rocas”, añadió el investigador. Un hecho que según Clode “aunque se dio en Madeira de forma pionera, ya se ha dado en otras zonas del planeta”, concluyó.